domingo, 24 de abril de 2022

Alquimia de almas

 Todas las personas que te quieren, las que sabes que te quieren profundamente y de verdad, puesto que el tiempo ha estado de testigo durante muchos años, durante muchas historias. Esas personas, cada una te quiere a su manera. Cada una te da de si todo lo que puede y de la mejor forma que ha podido hacerlo. Y está muy bien refrescar esta idea a menudo, para nunca dejar de volorar a cada una de esas personas. Valorarlas única y exclusivamente por lo que son intrínsecamente, y por tener la suerte o la bendición de haberles encontrado y haber conseguido establecer ese vínculo alquimista, a través del cual las almas se abrazan y cambian de cuerpo cuando es necesario sentir por el/la otrx, empujar un poquito y tomar el relevo. Esas almas que se han encontrado, que se han acariciado y abrazado, siempre permanecerán conectadas y latentes a través de tecnologías aún desconocidas por la razón y la ciencia humanas. Incluso con aquellas almas cuyo cuerpo ya ha perecido al destino mortal y efímero de los habitantes de esta tierra.

En definitiva, a valorarnos más, a querernos más y a tolerarnos más. 

sábado, 25 de marzo de 2017

Aplastamiento de las gotas


    Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol. 
 
    Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.

Julio Cortázar

jueves, 8 de diciembre de 2016

El equilibrio se va de viaje

9 hs. Mañana de primavera, diciembre 2016.  Sentado, disfrutando de unos mates, preparando la mente y el espíritu. Sólo me falta el paisaje del sur.
Hace tan sólo unos días, a esta hora, ya me había duchado, viajado en subte cual sardina en lata, abierto la oficina del Ministro, preparado sus mails, los artículos periodísticos en los que lo mencionan y dispuesto todo lo necesario para la marcha rutinaria y ajetreada de la mañana citadina.
Hoy respiro; inspiro, exhalo y medito.
Somos animales de costumbre, bichos obedientes a una estructura que creamos nosotros mismos o nos imponen. La perfeccionamos cada día, ubicamos cada minuto de nuestra agenda en una ordenada lista de citas, compromisos y obligaciones, que nos enorgullece llevar con orden y disciplina para que cada minuto corra más rápido que el anterior y no nos detengamos con nada que se ponga en nuestro camino.
Cuando hay un quiebre en este orden, nos sentimos extraños. Por momentos perdidos, dubitativos, inseguros. Y claro, ¡cómo no! Ahora hay que improvisar. Y si todo sale mal? Y si no puedo hacer esto o aquello? Y si no consigo aquel sustento que alimenta mi necesidad  X?
Cada circunstancia tiene sus cosas, cada decisión sus consecuencias. El hombre es en definitiva el conjunto de acciones que desarrolla, aquello que decide y sobre todo aquello que hace de sí mismo,  como diría J. P Sartre “Un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”.
Yo me encuentro pasando por esos procesos que conlleva esta condena de querer ser el dueño de mi libertad, de querer ser la nariz que huele nuevos olores, los ojos que ven nuevos paisajes, el espíritu que aprende de otros que encuentra en el camino, y que deja una huella allá por donde pasa. Echémosle la culpa a la condición curiosa y aventurera del ser humano, después de todo pertenezco a la raza humana, no?
En esta mañana me encuentro especialmente contento porque me estoy reencontrando con mis reflexiones, y mejor aún, las estoy escribiendo. Los que me conocen, saben que toda mi vida lo he hecho, y los que me conocen mejor, también saben que vengo de una sequía, de un bache enorme, tan extenso cómo el tiempo que llevaba sometido a un estilo de vida que no es el que anhela mi verdadero ser. Esto me ha convertido en un parco que no puede o no sabe cómo expresar sus sentimientos ni demostrarlos. Honestamente, me estaba desconociendo. Y grito bien fuerte: “Que la capacidad de adaptación no nos enajene de nosotros mismos”.
El equilibrio se va de viaje… bueno. En realidad invito al equilibrio cómo siempre o más aún. Necesitaré de él prodigiosamente durante este periplo. Es el punto intermedio entre los extremos, el maravilloso recinto de encuentro de la vida, del alba y el ocaso, del apogeo y la decadencia…
Además de todo eso, “Equilibrio” también es el nombre de mi blog, el cual nació hace ya algunos años y que ahora pretende volver a jugar en primera. Por eso se va de viaje, conmigo. Echaré mano de él, tipo cuaderno de Bitácora.  Y compartiré algunas reflexiones a través de él.
Abrazos.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Por qué los lobos también saben mostrar clemencia

Los lobos no comprenden la razón por la que el estatus y el dominio son tan importantes para ellos y, en la mayoría de los casos, los humanos tampoco

“¿Por qué Batman no mata al Joker, y ya está?”. Sin mirarme, Rick McIntyre me interroga como si fuera un maestro zen, durante una de las conversaciones más extrañas que he tenido jamás. Intenta conducirme hasta una revelación sobre los orígenes de la clemencia hablando de superhéroes mientras, a temperaturas bajo cero, miramos por los telescopios y contemplamos a unos lobos que devoran un alce a poco más de un kilómetro de distancia, sobre una ladera helada y cubierta de nieve. Rick, un guarda forestal del Parque Nacional de Yellowstone, dirige toda la conversación sin apartar la mirada del visor. Rick sigue a diario a lobos que viven en libertad. Yo nunca había visto lobos de verdad antes, así que también tengo el ojo pegado al telescopio.
“Si alguna vez ha existido un lobo perfecto, ese era Veintiuno”, me explica Rick, refiriéndose al lobo por el número de su collar de localización. “Era como un personaje de ficción”.
“Dos veces lo vi enfrentarse a seis lobos de un grupo rival que atacaron... y los hizo huir a todos”, rememora Rick. “Yo me decía: ‘Un lobo no puede hacer lo que estoy viéndole hacer a este’. Observarlo era como ver a Bruce Lee luchando”.
Las luchas territoriales de los lobos se parecen a las guerras tribales humanas. Los lobos suelen atacar a los alfa del grupo rival, aparentemente sabedores de que si logran derrotar o matar a los líderes con experiencia, la victoria será suya.

Las luchas territoriales de los lobos se parecen a las guerras tribales humanas

Veintiuno destacaba por dos motivos: nunca había perdido un combate ynunca había matado a un rival derrotado. ¿Pero por qué? Parece inexplicable que un lobo deje marchar a los enemigos derrotados. La pregunta de Rick sobre Batman y el Joker es su manera, a modo de parábola zen, de guiarme hacia una explicación más general sobre el porqué. Pero no me entero.
Lo que Rick está diciendo es que los líderes humanos con mayor estatus de la historia no son hombres de hierro despiadados como Hitler, Stalin o Mao. Son Ghandi, King y Mandela. Los guerreros pacíficos alcanzan una condición superior. Muhammad Ali —del que decían que era el hombre más famoso del mundo— era un boxeador que hacía del combate todo un ritual, hablaba de paz y se negó a ir a la guerra. Su negativa le costó millones de dólares y su título de campeón de los pesos pesados, pero, al negarse a matar, su estatus creció hasta un nivel nunca visto.
Para los humanos y muchos otros animales, el estatus es importantísimo. Por él arriesgamos muchos tesoros y mucha sangre. Los lobos no comprenden la razónpor la que el estatus y el dominio son tan importantes para ellos y, en la mayoría de los casos, nosotros tampoco. Tanto en el caso de los lobos como en el de los humanos, el cerebro produce hormonas que nos empujan a luchar por el estatus y a reafirmar nuestro dominio. Sentimos que el dominio es un fin en sí mismo. No hace falta que entendamos la razón.

Para los humanos y muchos otros animales, el estatus es importantísimo. Por él arriesgamos muchos tesoros y mucha sangre

La razón es esta: el estatus es elsustituto diario de la competición. Siempre que las parejas o los alimentos escasean, los individuos de más estatus tienen acceso preferente a ellos. Lo que está en juego es la supervivencia y, en última instancia, la reproducción (la oportunidad de criar, de dejar huella). Nuestros genes no necesitan permitirnos entender el porqué; tan solo necesitan que lo deseemos. Difícilmente se podría esperar que los lobos entendiesen, mejor que nosotros, lo que nos mueve a todos. Pero sigo sin comprender qué tiene que ver todo esto con Batman.
“Entonces, Rick”, pregunto, con el ojo todavía en el visor, mientra contemplo a varios lobos con cara satisfecha que se echan a dormir en la nieve para reponerse del festín que se acaban de dar, “¿por qué Batman no mata al Joker, y ya está?”.
“Cuando admiramos al héroe que se contiene” —es evidente que Rick ha reflexionado sobre esto— “nos sentimos impresionados por su poder”. Rick explica que, en la que dicen que es la película más grande de todos los tiempos, Humphrey Bogart consigue el amor que buscaba. Pero lo organiza todo para que el otro hombre no pierda a su esposa y no resulte herido. “Le admiramos por esa combinación de fuerza y contención”.

Si un ser humano deja marchar a un oponente derrotado, el estatus del perdedor se resiente

¿Pero pueden los lobos tener una ética similar? Si un ser humano deja marchar a un oponente derrotado, el estatus del perdedor se resiente en cualquier caso, mientras que el vencedor causa más impresión. Uno ya ha ganado y, además, da muestras de una confianza enorme. Si muestra clemencia, su estatus crece aún más. ¿Pero puede un lobo ser clemente? Tal vez un lobo sea un superanimal, pero no es ningún superhéroe.
En la vida de Veintiuno había un macho en especial, una especie de Casanova errante, que era un fastidio constante. Era increíblemente hermoso, tenía una gran personalidad, siempre estaba haciendo algo interesante. “La mejor palabra para definirlo es carisma”, dice Rick. “Las lobas se alegraban de aparearse con él. La gente lo adoraba. Las mujeres se fijaban en él (no querían que nadie dijese nada malo sobre él). Su irresponsabilidad y su infidelidad... eso daba igual”.
Un día, Veintiuno descubrió a Casanova entre sus hijas. Lo atrapó y empezó a morderlo. Varios miembros del grupo se lanzaron al ataque y le dieron una paliza. “Casanova era grande”, relata Rick, “pero era un mal luchador”. En ese momento se veía totalmente superado y el grupo iba a matarlo al fin.
“De repente, Veintiuno se echó atrás. Todo se detuvo. Los demás miraban aVeintiuno como diciendo: ‘¿Por qué se ha quedado quieto papá?” Casanova dio un salto... y escapó corriendo.
Casanova siguió causándole problemas a Veintiuno. Así que ¿por qué Batman no mata al Joker sin más, para no tener que seguir enfrentándose a él? Hasta unos años después no cobró sentido.
Después de que Veintiuno muriese de viejo, Casanova se convirtió en un modelo de macho alfa responsable. Aunque era reacio a los combates, Casanova murió en una pelea contra un grupo rival. Pero todos los miembros de su propia manada escaparon (incluidos los nietos y bisnietos de Veintiuno).
Los lobos no pueden prever esos giros inesperados más de lo que pueden hacerlo las personas. Pero la evolución, sí. Todo aquello que haya ayudado a los descendientes a sobrevivir permanecerá en el acervo genético, como si fuera un destornillador en la caja de herramientas del comportamiento.
Así que, supongamos que uno es un lobo; ¿debería dejar marchar a un rival derrotado? Creo que la respuesta, tanto en el caso de los lobos como en el de nuestra propia mente tribal, es: sí, si uno puede permitírselo. En ocasiones, el rival de hoy se convierte, en el futuro, en vehículo de nuestro legado. Tal vez ese sea el fundamento de la magnanimidad entre los lobos y, en el fondo, de la clemencia en los seres humanos.
Artículo EL País, Ciencia


martes, 14 de junio de 2016

Cita de Julio

"Y mirá que apenas nos conocíamos y ya la vida urdía lo necesario para desencontrarnos minuciosamente. Como no sabías disimular me di cuenta en seguida de que para verte como yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos"...”


Julio Cortázar

jueves, 26 de mayo de 2016

Nueva terapia médica: ir a la montaña

Médicos y científicos nos cuentan cómo salir a la montaña puede cambiar nuestras mentes y mejorar nuestra calidad de vida.

senderismo1

Laguna de los Tempanos

Yo no soy más la llamada perdida de mi jefe
Yo no soy más una docena de e-mails no leídos
Yo no soy más una lista de tareas
Yo no soy más una ropa "Social"
Yo no soy más el almuerzo apresurado

Yo no soy más palmadita en la espalda, cumplimiento flojo
Yo no soy más una meta, una cota, un plan de acción
Yo soy las hojas
Cayendo en mis hombros
Yo soy la hierba bajo mis pies
Yo soy el viento cantando entre los árboles
Soy las aguas corriendo entre las piedras
Soy la arena de la playa
Soy pie descalzo
Soy pecho abierto
Soy una estrella fugaz que cae sin sonido


AUTOR - BRASUCA PAULO

martes, 2 de febrero de 2016

Dolina dixit




 "El amor, o es lo más sencillo del mundo, o es imposible"







miércoles, 13 de enero de 2016

Opinión de un Español sobre Argentina

Ignacio de los Reyes que es un corresponsal periodístico de la BBC.
Sin más que decir, empiezo...
Después de casi tres años en el país, el corresponsal de la cadena británica BBC regresa a Europa y nos deja una reflexión sobre las 12 cosas que aprendió estando en Argentina.
Lo que sigue no es más que un compendio muy subjetivo (y algo nostálgico) sobre algunas cosas que puede aprender un periodista extranjero de Argentina. Del trabajo y de la vida. De los paseos por la Avenida Corrientes, de los piquetes en la 9 de Julio, de las caminatas por la Patagonia, de los calores de Misiones y de los coyas de Salta: 
El tango es patrimonio nacional, pero la verdadera música que reina en la calle argentina es la cumbia.
El mundo se divide entre Boca y River, entre Charly y Gustavo, entre Macri y Cristina, entre el interior y la capital, entre los que dicen "publicidad" y los que dicen "propaganda", entre el periodista Jorge Lanata y el programa kirchnerista 6,7,8, entre las rochas y las chetas, entre las divas televisivas Mirtha Legrand y Susana Giménez.
En Argentina, el fin del mundo siempre parece a la vuelta de la esquina, pero rara vez suele llegar.
Tan acostumbrados están los argentinos a vivir al borde del precipicio que han inventado un arte, el del "atado con alambre", que ha vuelto a este país creativo e ingenioso, sobreviviente y con una capacidad infinita de adaptarse a la montaña rusa que es este fascinante lugar.
La vida es vertiginosa y el ritmo político de Argentina, más. 
Lo que hoy es seguro puede cambiar radicalmente al día siguiente. Y esa es una lección que aprendió a golpes este periodista, que se equivocó muchas veces y al que le costó entender que muchas cosas no son lo que parecen y que muchas otras necesitan buena dosis de perspectiva y contexto.
El político que parece un líder indiscutible en enero puede no ser nadie el diciembre. Y viceversa.
El equipo que arranca con dudas un Mundial de fútbol puede llegar a la final del campeonato.
El "default técnico" que muchos temían en julio de 2014 no trajo el apocalipsis al país.
Y cuando pensabas que jamás podría gustarte el mate o el fernet, sucumbiste. Todo cambia.
El choripán no es un pan con chorizo. Es un ícono pop y un símbolo político. Más allá de eso, en Argentina siempre hay que darle un aplauso al asador.
Y el tema del dólar "es complicado". Pero el del Peronismo, aún más. 
Unos días los argentinos creen que éste es un "país de mierda", que en algún momento de su historia se frustró su destino de potencia mundial o que no hay manera de ser "normal", pero a mí me gustan más cuando desafían al resto del mundo: "Decíme qué se siente".
El argentino es humilde, amable y familiar, reparte abrazos y dice te quiero a menudo. Se interesa por saber más de quien viene de fuera.
Son mujeres y hombres para los que el asado del domingo es sagrado, que golpean cacerolas para protestar y para celebrar, que han hecho un arte de la costumbre de hacer fila y esperar, para los que la amistad está por encima de todo. 
No importa que en realidad seas manchego y que nunca en tu vida hayas pisado Galicia. Si eres español, el Argentino te llamará "gallego". Ah, la "interna". Una de esas palabras que todo periodista extranjero debe aprender para entender que detrás de cada historia hay un conflicto, una rivalidad, una tensión, a menudo entre grupos que buscan fines similares.
La interna peronista, la interna del sindicato, la interna de la asociación de víctimas. El reflejo de una sociedad que ama el debate y la discusión y una trampa para el que crea que en este país todo es como parece.
Cuando tienes una duda no pides que te la aclaren, preguntas "si puedes hacer una consulta".
Llegas a Argentina y te causan gracia los chamuyos (el arte nacional del piropo), pero detestas el drama y el histeriqueo (ahora me gustas y después no, ahora que me buscas ya no te quiero). 
Ahora te cansa el chamuyo, pero te has convertido en un dramático histérico y vivirás con esa divertida maldición por el resto de tu vida.
Besos. Besos por todos lados... En la fila del mercado, besos. En el cine, besos. Y cuando te presentan a alguien nuevo, besos.
Los argentinos no responden al estereotipo de seres arrogantes ni se creen superiores. 
Los argentinos tienen las cataratas de Iguazú y el glaciar Perito Moreno, los cerros del Norte y los picos de la Patagonia, los vinos de Mendoza y las ballenas del sur. 
Los argentinos tienen el dulce de leche, la carne, la mano de Maradona, a Ricardo Darín y a Las Leonas, la noche de Palermo, Relatos Salvajes, Esperando la Carroza y las páginas de Borges
"El argentino no es arrogante, es sólo que es consciente de que vive, sin lugar a dudas, en uno de los mejores lugares del mundo."



martes, 8 de septiembre de 2015

El Paso

Ensayo de Policial

El joven, aterrado, contenía su respiración escondido en el lavabo del hediondo baño de la estación de servicio, mientras ese extraño hombre silbaba tranquilamente al orinar. Había tenido la suerte de estar en el baño cuando el sujeto se bajó de una camioneta blanca y avanzó con determinación, pistola en mano, hacía el interior del local donde el encargado se encontraba, como todos los viernes, haciendo el balance económico de la semana.
El muchacho permaneció inmóvil, agazapado, deseando pasar inadvertido mientras se producía lo que creía un simple robo.
La estación de servicio, estaba ubicada en un lugar desolado, un paraje de ruta a unos quince kilómetros del pueblo más cercano. Eran mayormente camioneros quienes paraban a repostar gasolina, además de los pocos vecinos de la zona, que transitaban el campo con sus cansados y derruidos tractores.
- ¿Quién me manda a meterme en este quilombo? – Rezongaba el joven para sus adentros, mientras suspiraba con alivio al escuchar alejarse los pasos del vándalo. Sabía que algo andaba mal, por la tranquilidad del sujeto y el atroz silencio que se mantuvo durante el episodio. Agustín Distéfano era su nombre, y aunque provenía de una población cercana, nadie lo conocía en el pueblo. Alquilaba una pieza en una estancia vecina a la estación de servicio. Pasaba su tiempo observando el campo y retratando aves silvestres, cuando no atendía los surtidores de nafta por unos pesos que meramente le alcanzaban para cubrir sus gastos de manutención.
La afronta familiar se había encrudecido tras el fallecimiento de Don Olmos, antiguo y respetado vecino de Capitán Indarte, pueblo al que se llegaron sus antepasados, provenientes de Irlanda a mediados del siglo XIX. Su hijo menor, Ernesto, vivía de forma ermitaña en la casa materna de su difunta madre. Susana, la mayor de los dos hermanos Olmos, residía con sus hijos y esposo en una hermosa casa de un reciente vecindario del pueblo.
La herencia de Don Olmos constaba de una centena de hectáreas repartidas en tres campos, la estancia familiar; donde Susana y Ernesto se criaron, y la antigua estación de servicio “El Paso”, que era el mayor orgullo del pobre viejo Olmos.
Cristian Álvarez, esposo de Susana y cuñado de Ernesto, era el hombre de confianza de Don Olmos a cargo de la gasolinera. Incluso antes de que el pobre viejo cayera enfermo. Cristian siempre fue honesto, trabajador y un excelente padre de familia,  lo cual alimentó el deseo de su suegro de que este continuara gerenciando el negocio familiar tras su deceso.
Así fue que surgió la necesidad de contratar a un empleado que atendiera el negocio. Cristian debía ocuparse de todo y necesitaba una mano para cubrir al menos un turno. Muchos pasaron por el puesto. La falta de seriedad, y en algunos casos la facilidad de los hombres para meter la mano en la lata ajena, llevaron a Cristian a tener algunas refriegas y contiendas indeseadas. Algunas incluso con llamadas a la policía y denuncias de robo. Esto le ayudó a ganarse algunos enemigos entre los holgazanes de turno que habitaban Coronel Indarte.
Agustín había llegado tan sólo dos semanas antes del suceso, recomendado por un transportista de grano que desde hacía años paraba a repostar y conversar con Cristian.
Todos los viernes alrededor de las 22 hs. Cristian se sentaba en una mesita y repasaba los números de la semana. Sus amigos y algunos conocidos del pueblo, sabían que ese era el momento propicio para visitarlo y tomarse una copa con él. Era una de las pocas veces que permanecía en la estación de servicio durante el turno de Agustín. Incluso Susana, aprovechando que sus hijos ya eran adolescentes, hacía planes sin Cristian los viernes por la noche.
Luego de la explosión, cuando los bomberos consiguieron dominar el fuego, el agente Osvaldo Pugliese revisaba el perímetro buscando cualquier indicio que advirtiera la naturaleza de la explosión. Tarea difícil, siendo el fuego un gran destructor de evidencias.
El cuerpo incinerado de Cristian yacía en el interior del local. El estado del mismo no permitía determinar si había sido víctima de violencia, pero era determinante el hecho de que no haya podido escapar encontrándose su cadáver a escasos metros de una puerta que daba a la parte trasera de la estación. O en todo caso, la dimensión de la explosión habría sido tal como para terminar con su vida súbitamente. Sin embargo esta idea desconcertaba a Pugliese, ya que los surtidores se encontraban a una importante distancia del lugar donde fue hallado el cadáver del encargado.
Al día siguiente, el detective a cargo de la investigación; el anteriormente mencionado: Osvaldo Pugliese, tomó declaración a Susana. La reciente viuda se encontraba en un entendible estado de shock, pero además de ira y desdén. Comenzó a sugerir cada vez más notoriamente que su hermano Ernesto cargaba con la autoría del crimen de su esposo.
- Ernesto siempre ha querido hacernos daño, quien sabe lo que es capaz de hacer una mente enferma como la suya. Su envidia hacia Cristian y su terrible recelo vienen de hace tiempo. Nunca aceptó que nuestro padre depositará en mi esposo la confianza que no pudo cederle a su propio hijo. Además, no es novedosa para nadie la afición de Ernesto por explotar cosas.
Pugliese nunca tomaba las cosas así como venían de primera mano. Sabía que cada aspecto y cada hecho merecían al menos el beneficio de la duda. Tenía que haber algo más, algo que debía estar ahí en algún lugar de la escena. Quería ahondar más antes de dirigir su investigación sólo hacia Ernesto Olmos. Así es que, como buen investigador, mantuvo todas las variables abiertas. Además, aún no había prueba alguna de que la explosión haya sido causada voluntariamente.
Pocos sabían de su extraña obsesión de explotar todo tipo de objetos. Desde niño, Ernesto Olmos, ensayaba sus bombas caseras y sus pócimas explosivas utilizando todo tipo de material inflamable. Siempre ha sido metódico, silencioso e implacable en la ejecución de sus experimentos. Por este motivo era casi incomprensible como hacia tan sólo dos años, durante la noche de año nuevo, casi incendia su vivienda tras intentar desplegar una serie de fuegos artificiales caseros. Hasta entonces solamente unos pocos amigos de la infancia y su hermana conocían esta faceta de Ernesto, pero este último hecho y la necesaria actuación de los bomberos le dejaron en evidencia ante toda la comunidad.
No se dejaba ver mucho en el pueblo, ni se relacionaba con la gente. Era de dialogo corto, mirada furtiva y siempre parecía estar en actitud de alerta. En sus pocas apariciones sociales, podía vérsele en la taberna sentado en la barra y siempre jugueteando con un encendedor, dándole vueltas, abriendo y cerrando la tapa del mismo. Se trataba de uno de esos mecheros de bencina, que tenía tallada una visible y colorida imagen que cualquiera podría reconocer.
Luego de encontrar a Agustín Distéfano, quien se las había tomado luego de ver la muerte de cerca, la investigación de Pugliese dio un vuelco. Ahora tenía un testigo que aseguraba haber visto a un sujeto armado, y a la victima inconsciente en el suelo, atado de pies y manos. El pobre muchacho se sentía con culpa por haber huido sin dar aviso a la policía o a una ambulancia luego de ver tendido a Cristian Álvarez. El terror que sufrió y un exagerado instinto de supervivencia, le convirtieron en un cobarde. Pero eso es caso aparte. Ahora Pugliese también debía lidiar con la posible autoría del crimen por parte de  Agustín Distéfano: ¿Testigo o culpable? No obstante, su instinto le decía que el muchacho escapo víctima del espanto.
Luego del relato de Agustín, Pugliese fue a inspeccionar personalmente el baño de la estación de servicio, cosa que había dejado en manos de la policía científica. El baño era la única parte del lugar que no había sufrido grandes destrozos. Tras una minuciosa inspección, para su gran sorpresa, allí encontró el encendedor que Ernesto Olmos siempre llevaba consigo. ¿Coartada o descuido de asesino novato? Alguien podría haberlo dejado a posta, incluso llevarlo después de la inspección policial. O siendo un descuido del asesino, podría haber permanecido allí, apoyado en la pequeña ventana del baño. Esto último le parecía poco probable, no obstante se guardó esta información para sí y continuó con la investigación.
Sus hipótesis le fueron acercando poco a poco a desenredar la trama de un crimen bien planeado.
Un ex empleado de Cristian Álvarez, con quien tuvo un serio problema por falta de dinero en la estación de servicio, resultó ser amante, autor y cómplice de Susana en el asesinato de su marido. Además, por cierto, de ser el padre biológico del hijo más joven del matrimonio entre Susana y Cristian.
La descripción de Agustín coincidía con la del hombre que los viernes por la noche recogía a Susana en una camioneta blanca. Posteriormente, Agustín pudo reconocerlo en persona.
Cristian escondió a su mujer que había contratado a un nuevo joven como empleado. Susana le reprochaba el gasto que ese salario significaba y le decía constantemente que su padre, Don Olmos, se lo habría ahorrado.

Ernesto nunca bajo ningún motivo se desprendía de su encendedor. Además, jamás en su vida ha podido silbar. 

lunes, 8 de junio de 2015

El valor de las palabras

Se pueden conectar unas cuantas frases, es posible que estas formen ideas y tengan sentido. La combinación de las palabras da matices y color al discurso, al pensamiento, a la reflexión.  
Detrás de ese atuendo, detrás del maquillaje, frente al solitario espejo, las palabras, mis palabras, se quedan solas, envejecen, atentan con desintegrarse cual castillo de arena con el viento. Y su valor ya no es el de las frases inmortales, sino más bien todo se torna esclavo del tiempo. Polvo de estrellas, arte de la existencia, magia de vida.
La magia es tal porque es un instante.
Los sublimes instantes del existir hacen que las palabras sean como pequeñas piedras que uno lanza en el campo, allí quedan. Su valor, allí queda, también. Hasta que otro la toma y la vuelve a lanzar.
Hay veces que las palabras habladas, escritas, escondidas, gritadas; carecen de valor.
Dan ganas de callar y abrazar el silencio.
¿O siempre carecen de valor?
Una especie de abandono lento pero progresivo de toda creencia hacia las palabras. Un modo de agotamiento hacia lo que irremediablemente carecerá de sentido y de valor.
Una clase de náusea que vuelve y se apodera de los sentidos.

Alguna vez, las palabras han tenido tanto sentido que eran recitadas con el hermoso y fugaz fervor de la pasión. Como un espadachín que desenvaina y blande el acero por una causa que cree más importante que si mismo.
Después el tiempo desafila la pasión y lo fugaz se comprende como otra nueva sucesión de instantes que acompañan el paso de la existencia.

Y ahora mismo me veo con unas enormes ganas de gritar que esto no es así, y que no hay que abandonar las causas nobles ni la pasión que brota del corazón. Y no hay que hacerlo.
Pero de alguna manera, las palabras igual van perdiendo su valor. Porque lo sustancial es cada vez más asquerosamente exagerado.
Por estos motivos, quizá, mis palabras cada vez se pierden más en pensamientos de los que no quedan evidencias escritas.
Habrá que actuar y dejar que la acción narre las fábulas.

Sí, creo que es eso lo que sucede; el valor de la acción en  asedio al valor de las palabras.

miércoles, 8 de abril de 2015

De vez en cuando

(fragmento anexado a “Untergehen – Entrando al Reino de las Sombras”)

El día que me di cuenta que no era importante, todo varió. En realidad no fue un día, ni un punto, sino una lenta conciencia, de pasos arrastrados y actitud derrotada,  que camina hacia ese punto visualizado en el primer segundo de lucidez.
A partir de ese momento, al principio, experimenté una masiva perdida de interés en casi todo. Como si todo tuviese importancia gracias a mi estelar actuación, imaginaria o real. A esto le siguió la abulia y algunas nauseas. Así fuimos dando lugar a una larga serie de indeterminaciones que me estaban convirtiendo en una cáscara que camina. Ser yo o ser nadie venía siendo casi lo mismo.
Empecé a aburrirme, de todo. No había emoción alguna que me movilizara, bueno, no al menos alguna digna de mención.
Comenzaba a ser evidente que de mí mismo debía salir la acción liberadora o la decisión impulsiva que me llevara a dar un portazo, arrastrar mis vagos huesos a nuevas aventuras y perderme  físicamente, para encontrarme con el espíritu, con esa esencia silenciada del mundo que, aún, yacía y yace, dentro de la cara visible que viste mi mortalidad.
Cada tanto sucede que uno deja de ser importante; para alguien, para un grupo, para gente que pasa por nuestra vida temporalmente…incluso para los propios fantasmas que vagan como sombras en nuestra memoria. Por eso veo que el apego no lleva a buen puerto. Es un gran anatema de la existencia del hombre, que siendo mortal se apegue tanto a los que pasarán como él.
¿Acaso esta recurrente actitud justifica la creencia de una vida en el más allá? ¿No será que esa idea nace de la propia personalidad del hombre, de no abandonar aquello que ama? ¿Ni siquiera después de la vida?
Nadie ha vuelto de la muerte como para ayudarme a dispensar estas cuestiones. Sin embargo, parece existir una evidencia que brota del sentimiento del hombre, como signo de su ADN espiritual, que sugiere figuras de inmortalidad; rúbricas de fracciones de existencia que no se ven afectadas por la caducidad de los tiempos efímeros de la vida.

Así, emprendí la nueva empresa, o mejor  llamémosle; la osada cruzada de intentar no depender de la importancia que genero en los demás. Y si bien, tenía mis justificaciones para tal difícil ejercicio, supe más pronto que tarde que dotar de conciencia a todos los actos y acciones de un ex-animal, me conducirían a hacía una desesperación constante. Al controlar algo, debes controlar todo lo demás. Ya que las consecuencias de una primera intervención, influenciarían directamente en el resto, y así sucesivamente.
 En resumen, era necesario tener ciertas bases. Normas importantes que rijan un proceder que estuviese contemplado por el espíritu, para así no perderse en laberintos y abismos – como estos en los que me disipo al intentar abordar con más amplitud el tema inicial de este escrito -.

De por sí, la “importancia” (el hecho de ser importante) contempla una idea conjunta, es decir, una noción que comparten varios participantes. Y de cómo la intervención de los mismos genera un orden de prioridades y jerarquías, que ubican a cada uno en un lugar. Aunque no siempre sea el merecido o deseado. Entonces esta idea de importar, viene atada indefectiblemente al ego. El cual se ha ganado por repetición el título de “verdugo propio” durante la historia del hombre sobre la tierra. Y  también, aunque sólo en lo relativo al aspecto, a la posición, al dinero, al éxito efímero y demás banales comodidades; el ego también hace justicia de su impronta avasalladora y temperamental.
Supongo que debo intentar ser importante para mí mismo, sin ser un cretino para con los demás. Mucho menos con aquellos para quienes sí soy importante.
También, supongo que debo ser importante para los demás con quienes comparto dialogo, trabajo, afecto, compañía; sin que eso signifique competencia, egocentrismo absoluto, egoísmo o innecesario apego.
De cualquier manera, esto es importante. Pensar lo es. Vivir este instante cómo único lo es. No dejar pasar este pensamiento - como tantos otros – y tallarlo sobre un escrito también lo es.
Porque hay realidades invisibles que tienen mucha importancia, verdadera importancia, mayor importancia que muchas de nuestras preocupaciones cotidianas por las cuales perdemos la mira de lo que en realidad importa.
De esta manera fue que de vez en cuando abandono la abulia y el aburrimiento de nadar en este océano de aguas peligrosas, cuyas corrientes suelen arrastrarme hacía destinos fútiles e insípidos. Y me adentro en las profundidades para nadar en más dimensiones y rozarme con esas sensaciones que me demuestran fielmente que los de mi raza somos “mortales-infinitos”.
Pero sólo de vez en cuando.

PD: Dime de qué presumes y te diré de qué careces.


jueves, 12 de marzo de 2015

Teoria del guión

La gente quiere que su vida sea como un libro, quieren que tenga argumento, que haya una estructura; un comienzo, un desarrollo y un final. Quieren que las cosas tengan un orden, pero la vida no es eso, no hay estructura. Conozco a gente que ha tratado de dar una estructura a su vida, seguir un patrón, enamorarse, casarse, tener niños, todo en ese orden, pero, realmente, ¿cuándo ocurre todo eso de manera natural? Y cuando ocurre, aun así no hay un patrón, ni un argumento alguno.

jueves, 11 de diciembre de 2014

¿Eres Exitoso?

La gente honesta no triunfa. Escuché estas palabras el otro día, y empecé a pensar qué es el éxito realmente. ¿Ser reconocido? ¿Tener mucho dinero? ¿Poder influir en los demás? Y me di cuenta que realmente es lograr y hacer aquello que te hace feliz. Ese éxito debería medirse por las veces que ríes cada día, por los momentos en que haces algo que te llena de satisfacción, por el tiempo que pasas con personas que te aman de verdad... Y sí, la gente honesta triunfa.

Ana Blanco

DiarioLibre.com

sábado, 29 de noviembre de 2014

El lobo Estepario

"...Y que todo esto, lo mismo que hoy los primeros pasos de la radio, sólo servirá al hombre para huir de sí mismo y de su fin, y para revestirse de una red cada vez más espesa de distracción y de unútil estar ocupado."


Hermann Hesse.

People are strange

“The most important kind of freedom is to be what you really are. You trade in your reality for a role. You trade in your sense for an act. You give up your ability to feel, and in exchange, put on a mask. There can't be any large-scale revolution until there's a personal revolution, on an individual level. It's got to happen inside first.” 

Jim Morrison

domingo, 19 de octubre de 2014

Respecto del día de la madre

No hay mayor demostración de afecto que aquella que se imprime en el corazón, que se anuncia con caricias al alma, que se demuestra sin necesidad de redes sociales, y que se mantiene en el tiempo y a través de la distancia sin hacer más ruido que el de los suspiros que emito cada vez que pienso en lo más grande que me dio esta vida: mi mama. Pero ella ya lo sabe; porque ese amor viaja más rápido que las ondas de radio, la señales eléctricas y la información satelital.
Como algo opcional y adicional; señoras y señores: He aquí facebook, twitter y demás. (opción requete utilizada por lo que veo, al punto de la más inmensa y tácita originalidad...hum, hum - oxímoron).
Hago énfasis en lo de "opcional" y "adicional".
Ojalá que las personas sigan, también, utilizando las formas más auténticas de demostración de cariño, que no ocurra con una cierta fecha como si hubiese un evento destinado para tal efecto (no sé porqué uso el subjuntivo en esta oración), ojalá que no necesiten de los ecos de palabras colgadas sobre los muros de la publicidad, y más que nada, ojalá que todo esto no sea el espejo de calidad humana que las redes sociales parecen expresar.
Igual, Feliz día a todas las madres, que no tienen nada que ver con todo este ruido innecesario.

viernes, 1 de agosto de 2014

Entropía

El universo tiende a distribuir la energía uniformemente;
es decir,
a maximizar la entropía.


☼ EnTroPíA ❅

viernes, 25 de julio de 2014

CARGUEN, APUNTEN, FUEGO !!!

La expresión como arma
dispara balas de diversa clase.
Esta munición es palabra.
Palabra que intenta extirpar
ideas de la mente.
Mente que traduce emociones,
las cuales reflejan verdades,
las del alma.

Un alma vibrante,
que surfea la existencia,
buscando un equilibrio,
a veces insostenible.
Un alma autónoma,
que conspira contra lo fugaz,
se sienta a procesar y sospecha
que hay algo más de lo habitual.

Un blanco que cambia,
o cambia la bala,
o cambia el arma.
Quizá el blanco real nunca cambia.
De a poco la luz deja verlo.
Cada vez más noble,
más digno, menos turbio,
esencial.

Deshilachando la tela,
tamizando texturas,
trazando caminos,
gastando zuelas,
cerrando paraguas,
agotando suspiros,
lijando superficies,
cerrando los ojos.

Abriendo puertas,
desoxidando conciencias,
encendiendo faroles,
consumiendo amaneceres,
probando llaves extraviadas,
mirando horizontes,
escalando montañas,
forjando destinos.

La palabra tiene esa mágica capacidad de significar algo,
algo que evoca una idea y coordina una imaginación que te transporta
a otros lugares, espacios, tiempos, dimensiones.
El mundo de lo real y el mundo de las ideas. Mezclados entre si,
generando una realidad paralela, propiciando una profundidad y una dimensión
distinta. Que enriquece el concepto de todo lo entendible.

La expresión tiene el maravilloso talento de transmitir,
no solamente significancias y conceptos, sino también
guiños y manifestaciones del alma.


martes, 15 de julio de 2014

Tango

—Los hombres de tu tierra —dijo el principito— cultivan cinco mil rosas en un jardín y no encuentran lo que buscan.
—No lo encuentran nunca —le respondí. —Y sin embargo, lo que buscan podrían encontrarlo en una sola rosa o en un poco de agua...
—Sin duda, respondí. Y el principito añadió:
—Pero los ojos son ciegos. Hay que buscar con el corazón


Seguido a esta hermosa cuota de "El Principito"...

Siendo Buenos Aires la capital mundial del Tango, y la orquesta de tango de la ciudad; la mayor expresión del mismo, debo sentirme muy afortunado de que las vueltas de la vida me hayan permitido asistir a nuestra “Catedral Artística”, que es el Teatro Colón. Allí pude presenciar un homenaje a Aníbal Troilo, bandoneonista y músico exquisito que nos regalo el barrio de Parque Patricios, en Capital Federal.
La orquesta representó tangos de “Pichuco” (Troilo) y alguno de Ástor Piazzolla.
Observé expectante y en ocasiones ”boquiabierto” la representación.
Y justo un día después de ver a nuestra selección nacional jugar una final de la copa del mundo de fútbol, pensé para mis adentros:
¡Qué lindo que es ser argentino! Y me sentí muy orgulloso de mi país.
Después de haber vivido afuera por tantos años, me siento con determinada perspectiva y creo conocerme mejor, a mí, a mi nación. Y a pesar de que no todo es color de rosas, tenemos una identidad sobresaliente en el mundo entero.
Volviendo al Colón y al tango, la música que escuché anoche es del más alto nivel musical.
Hace una semana, de madrugada, tras algunas copas, en un comedor de una casa vieja del centro, con aspecto de conventillo; un bandoneonista, un guitarrista y un notable cantante, tocaron unos tangos maravillosos que me erizaron la piel. Incluso me permitieron cantar "Volver", la cual cantamos a dúo con el cantante. Obviamente, yo empañando el arte, pero bueno...la ocasión y el sentimiento lo permitían.
Esto me deja una imagen bien rica de los extremos de la música, en cuanto a lo callejero y arrabalero,  y a lo “aristocrático” - por llamarlo de alguna manera - En ambos casos, somos increíbles.
Gracias!